Lisboa es una de esas ciudades que a los españoles nos producen dos cosas. O la amamos o no la conocemos en absoluto. Portugal es un país que tenemos al lado del que me sorprendo cada vez que hablo con mi círculo cercano de lo poco que lo conocemos.

Tranvía por Alfama

Que si las mujeres tienen bigote, que si las toallas, que si todos los hombres se llaman Rui. Parece que hay una especie de tendencia a dar la espalda a nuestros vecinos lusos mientras que ellos hacen al contrario.

Te paseas por Lisboa y habla español hasta el gato, que se suele decir. Y se excusan por hablarlo mal, cuando yo escasamente sé decir “Obrigado” y eso que estamos en su propia casa.

Lisboa es una de estas ciudades que notas que te abrazan gracias a la gente que la habita. Tiene silencio, tranquilidad, elegancia,  melancolía… Los que ya hayáis estado sabréis a qué me refiero.

El caso es que por cosas de la vida ando en una época de estas que te replanteas todo un poco y tras una noche de quedar a cenar chino con unos amigos decidimos que en 5 horas nos íbamos a Lisboa. Pillamos vuelos, alojamiento y allí que nos plantamos. Lo bueno que tiene tener Barajas a tiro de piedra y vuelos por cuatro duros.

Las armas

Disclaimer: tampoco ahora me refiero al centro de artes de la capital maña. Estamos hablando de Portugal y fotos, no de conciertos de León Benavente.

El arma elegida para la ocasión fue mi adorada Olympus OM-2N. Es una cámara que la firma japonesa fabricó entre 1979 y 1984 y es una maldita gozada. La pillé de segunda mano en uno de esos grupos ingobernables de Facebook por unos 180€ montando un Zuiko 50mm F1.4, ambos en perfecto estado. Sin mácula. El obturador es suave como un gatete y el objetivo es nítido como algo muy nítido. Nítido, nítido. A lo que no me adapto es al enfoque, gracias a mi ceguera galopante que me hace echarle la culpa a la cámara cuando la culpa es de mi ojo.

Como munición me llevé de todo un poco. Mi ISO favorita es 400, sobre todo para viajar, así que como representante de esta bonita familia me llevé el Ilford HP5 Plus. Así cubro todas las posibles condiciones y como quería hacer atardeceres y anocheceres, subimos la ISO a 1600, revelamos con Rodinal stand y aquí paz y después gloria. El carrete se puede conseguir en casi cualquier sitio: los hay en la Fnac, Sales de Plata, Maco Direct, Foto-R3 o cualquier lugar que sea vuestro sitio de referencia para comprar de esto. Yo en este caso lo pillé en Amazon por 5,90€

También me llevé un Fuji Superia XTRA 400, como película “multipropósito”, a pesar de que no me gusta demasiado pues la compré a lo loco y hay que gastarla.

El viaje

Lisboa es una ciudad que de día impresiona. Tiene cierto punto decadente y melancólico, con montones de casas derruidas y todas alicatadas de azulejo en la fachada. Hay mercados, tiendas que invitan a pasar y lugares por donde pasear. Y lugares en que comer, pero eso va en la sección de “La matacía”.

Otra cosa interesante es la cantidad de veces que te ofrecen droga por la calle, que oye, servidor no camela darle a la lejía, pero si los jóvenes camelan dejadles que camelen.

Comenzamos el viaje yendo a Alfama, al mercado de Santa Clara que es una especie de rastro con un montón de puestos donde se pueden encontrar muchas cámaras de segunda mano. He de mencionar que

no había mucho material interesante debido a que Lisboa seguramente estará llena de afanosos como nosotros que están siempre al quite. Huelga decir que un amable vendedor me ofreció una Canon T90 con un 50mm 1.4 FD en un estado deplorable por 300€ al ver mi cara de turista. Le dije que por supuesto, que ahora iba al banco a sacar el dinero para que me timara a gusto.

Por lo demás, las “sopechosas habituales”: Olympus de la era OM plastiquera, alguna Canon EOS de la gama de entrada, Yashicas, todas sin tapa y con más mierda que el palo de un gallinero.

El mercado es bonito y en cierto modo de interés para los que nos gusta la foto callejera. Además es un buen lugar para pararse en una de sus terrazas a echar un buenísimo café con pastel de Belem. Que no solo de fotos vive el hombre.

Paseo hacia el centro, coger el tranvía hasta Belem para comer más pasteles, ver la torre, pasear por el monumento de los descubridores. Lo sé, es lo típico, pero es que en Lisboa lo típico tiene un halo molón que hace que sea la hostia. Tú imagínate, Lisboa en enero. Por favor, ponedme fados en vena que me quedo a vivir aquí.

La matacía

Un arrocico de marisco.

Si vas de viaje y no comes o comes un McPerro no tienes perdón de Dios. Más aún cuando vas a Lisboa. Aquí lo que se estila es el bacalao “al estilo de la casa”, que es un bacalao frito con patatas; un arroz de mariscos, con su bogavante, sus cigalas, sus langostinos y bien de caldo; un pulpo asado a la brasa con un poco de aceite y para postre “bolo de bolacha” que es una especie de tarta de galleta que calificaría de sublime. En este caso nosotros fuimos a la marisquería Alpendre, en Alfama. Pero justo pared con pared está la marisquería Rio Coura, que en este caso estaba cerrada con un cartel con una cruz negra en su fachada. Entendemos que había pasado por ahí jesucristo nuetro cheñó y se había comido todos los abastos.

Pasteis de Belem

Pero luego está esa creación de la ingeniería llamado “pastel de natas” o “pastel de Belem“. Está entre las grandes obras de la ingeniería como el transbordador ruso Burán, el Concorde o la web para echar la declaración de la renta y cobrar los diners si te toca a devolver. Confesaré que en dos días de estancia comí cerca de 10 pasteles y me traje para la vuelta a casa. Y eso que este verano me quitaron un cacho de estómago.

El café en Portugal es otro rollo. Solo y corto y el punto justo de amargo, como yo. En cualquier bareto de jubilados que echan la partida te puedes echar un café sobresaliente por la friolera de 0,60€.

Disclaimer: las fotos de esta sección son del móvil 🙂

Los resultados

Bueno, una vez de vuelta en casa, tocaba revelar. Una de Tetenal C41 para el Superia y una de Rodinal stand, como os explicábamos en la anterior entrega del diario, que podéis leer aquí. Y tras una hora de tomar cafés con Victor y echar unas partidas con el RetroPie, aquí están los resultados.

Colofón

Recomiendo muy fuerte que visitéis Lisboa. Es una gran ciudad, con lugares preciosos en la cercanía como son Cascais y Sintra y que se puede visitar en poco tiempo y con un presupuesto relativamente ajustado. Y si necesitáis recomendaciones sobre la ciudad y qué material os recomendamos llevaros para el viaje, venid al formulario de contacto o decidnos algo en redes sociales.